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Antonio Balibrea

Centrarse también en el presupuesto

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Sin presupuestos no hay recuperación. Sin presupuestos no hay ayudas europeas. Sin presupuestos no hay continuidad para el gobierno de coalición. Sin presupuestos no habría Gobierno. Dicho de otra forma: perder la votación de presupuestos abocaría a Pedro Sánchez a dimitir y convocar elecciones. Se rompería la coalición en plena pandemia. Se congelarían ayudas europeas y presupuestos de recuperación. En estas condiciones la prioridad absoluta y urgente es aprobar los presupuestos.

Es evidente que todos los parlamentarios que se sientan en el Congreso desde Vox a EH-Bildu son legítimos representantes del pueblo español y, mientras no se demuestre lo contrario, todos están dentro de la legalidad constitucional. Únicamente desde el oportunismo y los prejuicios se pueden negar esa obviedad. Se dice que EH Bildu son los herederos de ETA. Es sabido que no todos los partidos que integran esa coalición apoyaron la violencia, o proceden del entorno de ETA; y sin duda todos ellos, incluso los de Bildu, fueron los que defendieron el final de la lucha armada asumiendo riesgos personales. Es cierto que no han condenado la lucha armada de ETA, tan cierto como que los partidos, -digo “los”- de la derecha tampoco han condenado nunca el franquismo, ni los crímenes que este cometió, incluso se han opuesto a la reparación a las víctimas del franquismo, y han reivindicado el reconocimiento y los honores al dictador. Conclusión: nos guste, a unos o a otros, más o menos, todos los grupos presentes en el Parlamento son legítimos representantes del pueblo español y los votos de los diputados tienen exactamente el mismo valor a la hora de votar el presupuesto, o la más mínima enmienda.

Si el PSOE vota o pacta con EH-Bildu o con Esquerra Republicana tendrá que asumir, si acaso, el coste político que ello represente. De la misma forma que los gobiernos de la derecha que pactan con Vox tendrán que asumir el descrédito político que eso pueda acarrear. Pero, en un sistema democrático está muy claro que todos los electos tienes la misma legitimidad: la que les da el voto ciudadano y pueden influir en las decisiones, apoyar o formar parte de gobiernos locales, autonómicos, o central. Por mucho que unos u otros se rasguen las vestiduras en un ejercicio bíblico de hipocresía y cinismo que empieza a resultar aburrido. Unos y otros han pactado en repetidas ocasiones con los extremos de su sector.

Las manifestaciones públicas y publicadas de algunos barones socialistas- Page, Lambán y Fernández Vara- solo se entienden desde la defensa exclusiva de sus votos, en su región, sin duda importante, pero son desleales con el PSOE federal. Algo que ni siquiera hicieron los barones del Partido Popular cuando Pablo Casado basculó escandalosamente hacia Vox. No lo hizo Núñez Feijoo, ni el castellano Alfonso Fernández, ni mucho menos la presidenta de Madrid.

La prioridad absoluta del gobierno de España es la aprobación de los presupuestos generales del Estado para poder beneficiarse de las ayudas europeas y hacer frente a los gastos extraordinarios derivados de la pandemia, tanto sanitarios como los necesarios para la reactivación y modernización económica. Y es la máxima prioridad para el Gobierno Sánchez, y lo sería igualmente para un gobierno del Partido Popular. Por las mismas razones son necesarios y urgentes para los gobiernos autonómicos y locales, de cualquier signo político.

Ni en intención directa de voto, ni en la estimación que ha publicado el CIS en el Barómetro de noviembre hay variaciones significativas respecto al mes pasado o a la de hace un año (octubre y diciembre), excepto Ciudadanos y Vox, que aumentan. Los estados de alarma y confinamientos no parecen haber tenido coste político para el Gobierno; por el contrario, aparecen respaldadas en la encuesta. También según el CIS, los españoles se autodefinen como de centro izquierda, un 4’6 (entre 1 y 10). A Pedro Sánchez lo sitúan en el 3’7; el PSOE siempre ha estado más próximo a la media. A Inés Arrimadas le asignan un 6. A Pablo Casado, lo ponen más a la derecha con un 7’2; y Abascal sobresaliente en la derecha le dan un 9. En la otra punta del espectro los ciudadanos sitúan a Pablo Iglesias en el 3’3. Si Pedro Sánchez pretende seguir siendo el político más valorado debería centrar su imagen. De seguir así puede que sume votos por la izquierda, pero probablemente perderá más por el centro, en beneficio de Arrimadas. Es importante centrarse, y no sólo en el presupuesto.

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